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 La arquera Avispa: Kichihaya

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lamoscapolaca
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MensajeTema: La arquera Avispa: Kichihaya   Lun Dic 13, 2010 11:43 pm

Ok, comenzemos por la hoja, algunso textos del pj, y despues posteo el resumen:

Reflexes 4, Awarenes 2 (16 pts)
Intelligence 2, Agility 2
Stamina 2, Will 2
Strenght 2, Perception 2

Skills
Athletics 1, Defense 2, Hunting 2, Investigation 2, Kyujutsu (yumi) 4, Craft (Bowyer) 2
Artisan
(Gardening), Etiquette, Meditation, Perform (Poetry), Jiujutsu, Animal
Handling, Stealth, Lore: Theology, Lore: Law. Todos estos en 1
(24 pts en total)

Can’t Lie 2

Dark Secret (solia ser Heimin) 4
Cursed by the Realm (Yomi) 4
Failure of Bushido: Sincerity 4
Idealistic 2
Lost Love 3 (su abuelo) <
19 pts

Crab Hands 2
Great Potential (kyujutsu) 5
Higher Purpose (promover el uso del arco como arma tanto noble como de filosofica) 3
Luck 3
Strength of the Earth 2
Bendicion de Benten (este me lo habias dado gratis, por fluff)
15 pts

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lamoscapolaca
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MensajeTema: Re: La arquera Avispa: Kichihaya   Lun Dic 13, 2010 11:44 pm

Era una de las primeras tardes de primavera. El bosque estaba vivo de actividad, la vida retornando al monte después de un crudo invierno, con los pájaros e insectos en ferviente búsqueda de pareja, a fin de recuperar el tiempo perdido. En este bosque, una pequeña se encuentra profesando comentarios no muy devotos.
- Maldicionmaldicionmaldicion... ¿es que el bosque esta escondiendo la buena madera a propósito? ¡No es justo! ¡Tengo que esperar hasta los 10 para tener mi propio arco, y tengo q cortar la madera casi 6 años antes! ¡Y mis amigos recibirán el suyo antes, incluso siendo mejor que ellos, y nieta del fabricante de arcos y flechas! ¡Pero es TAAAAN injusto!
Ella conocía el bosque bastante bien, es por eso que se sorprendió cuando llego inadvertidamente a un claro, en el cual un enorme ciprés daba sombra. La niña sonrió, y sacando el parangu que su abuelo le había dado (“Quieres disparar el arco como un hombre, pues bien, ¡ve primero y tala como uno!”, había dicho), busco en el árbol una rama lo suficientemente resistente para su propósito. Finalmente, la encontró, en una de las más cercanas al piso: era gruesa, firme, joven pero no verde, vieja pero no podrida. Clavando el machete en el piso, dijo una pequeña oración a Ebisu, agradeciéndole por el material encontrado y pidiendo su inspiración para la labor que iba a venir (“¡Y que no se te olvide agradecer a las fortuna! ¡Durante generaciones el fuerte ha estado sacando madera de ese bosque, y pretendo que así continúe!”).
La pequeña levanto la cuchilla, pensando felizmente en el arco que vendría a usar… y repentinamente, sus sueños se llenaron del tintineo de miles de anillos, y un dolor fuerte en la cabeza.
- Ay Ay Ay.- protestaba mientras se caía sobre sus posaderas, con sus manos en la cabeza y lágrimas en los ojos. Algo la había golpeado fuerte en la cabeza, tanto que ahora escuchaba cosas… cuando finalmente, abriendo los ojos, pudo darse cuenta que el repicar que escuchaba no era causa del golpe, sino del shakujo con el cual el monje la había atizado.
- Eso - dijo el monje tranquilo, pero con enojo en la voz. No sería mucho más anciano que su abuelo, pero tenia una vitalidad que le hacia parecer más joven. Era alto, de cabeza rapada, con un sombrero de paja cubriéndolo del sol matutino, y túnicas gastadas por el viaje.- Eso es por levantar tu cuchillo contra un Sugi.
- ¿Eh? – La pequeña todavía estaba confundida.- Pero… pero, ¿por qué me ha golpeado, monje-sama, si esta es la primera vez que levanto un parangu?
El silencio recorre el claro. En él, el monje reflexiona las palabras de la pequeña. Finalmente, la luz del entendimiento asoma en el rostro del hombre de religión… y asesta otro golpe, con el acompañamiento de los aros.
- No, kitsutsuki-ko, no me refiero a Sugi (que ha pasado) sobre el hecho de levantar su hoja, sino al árbol frente suyo, ¡este Sugi ancestral, que ha visto casi cuatro milenios, y que usted estaba a punto de lastimar!
- Auch.... si, se que es un Sigu, monje-sama, no me siga golpeando.- decía mientras rascaba su cabeza.- Mi padre me enseño los nombres de los árboles del bosque.- Ahora, sin el dolor o el tintineo, la niña pudo apreciar la verdadera majestad y tamaño del milenario ciprés, quien se levantaba y dominaba todo el lugar.
- Oh… yo… yo no sabia que existía aquí uno tan antiguo.- Lo miraba de arriba abajo, sin perderse detalle de la visión moldeada por casi tres milenios de historia.
- No muchos lo saben, de hecho.- Dijo el monje, con aun cierta recriminación en su voz.- A mí, se me fue presentado por mi maestro, a quien se le fue revelado su paradero por su propio maestro, quien lo supo de su maestro, y así sucesivamente. Cada vez que comienzo mi peregrinaje, decido pasar por aquí, y cada vez que lo toco, creo sentir las voces de todos esos maestros, hablándome y guiándome.- dijo con cariño, apoyando su mano en la corteza.
La pequeña lo vio extrañada.
- Qué raro, yo lo toque y no sentí nada…
- Bueno, quizás si no intentases rebanarlo, sentirías sus beneficios, itazura-ko. ¡Ahora vete! ¡Largo! Antes de que traigas una maldición sobre toda tu familia por tu imprudencia.


Esa tarde, cuando la niña volvió a casa, se encontró con la cara sorprendida de su abuelo y su padre.
- Quédate tranquila, hachisuzume-chan. Estoy seguro que mañana o pasado encontraras un árbol para tu primer arco. Debes aprender a ser paciente, y aceptar lo que te de el destino.- La intento consolar su padre antes de que se durmiera. Pero ella tenía los ojos puestos afuera, en el exterior…
- Lo se padre, lo sé.- mirando a su padre a los ojos, preguntó.- Padre, ¿por qué las mariposas grisáceas aparecen a finales de la primavera, mientras que el resto de las criaturas salen a principios?
- Bueno, esa es una pregunta extraña para hacer en este momento.- dijo- Las polillas ponen sus huevos a principios del invierno, y en primavera las larvas salen a alimentarse. Cuando comen lo suficiente, crean un capullo dentro del cual crecen para finalmente salir en verano. Algunos de esos capullos incluso son luego trabajados, para realizar la seda de los kimonos de los más famosos y nobles samuráis, como los que usa nuestro señor, su venerable esposa, y Bayushi Tsuruchi-domo.
La niña escuchaba y asentía con la cabeza.
- Y esas larvas, ¿comen mucho?
- ¿Que si comen mucho? ¡Por supuesto! Tienen todo un invierno encima sin probar bocado, por lo que no pierden el tiempo y apenas salen comencomencomen…- decía, al tiempo que le cosquilleaba la panza.
La pequeña rió. Y por esa noche, no se habló más del asunto. Pero a la primera hora de la mañana, su padre se sorprendió al escuchar del anciano que hachisuzume-chan había partido temprano, con un par de agujas, un saco y algo de papel de arroz.

Amaterasu acababa de aparecer en el horizonte, y la pequeña acababa de entrar en el claro:
- Ohayoo gozaimasu, Sugi-domo.- Dijo con una reverencia al imponente ciprés. Estuvo pensándolo toda la noche, y llego a la conclusión que si debía de existir un señor entre los árboles del bosque, este debía de ser.
- Ehm, le traje esta cinta de plegaria, Sugi-domo. No es que desee que la cumpla, pero como todos los árboles sagrados de los templos las tiene por los festivales, si usted lleva uno, cualquier otra persona que pasase se daría cuenta que usted también es un antiguo, y le darían el respeto que se merece.
Era un papel sencillo, casi burdo. Pero por alguna razón, ella sintió que quedaba bien.
- Bien, allí esta. Ahora, hay un último asunto que me trajo de vuelta, si usted me permite.
Tomando un saco y un par de largas agujas, la niña trepó el árbol. Una, dos, tres ramas paso, hasta llegar a medio camino de la copa. Se ato con una soga, y con un cuidado que enorgullecería a su abuelo, comenzó a remover, usando las agujas, pequeñas larvas y jebecillos.
- Sabe, había visto estos insectos ayer, recordé como mi abuelo me advirtió de no llevar madera con estas pintitas, porque se agusanaban cuando nacían. Iba a esperar un par de días por si ese monje violento seguía por aquí, pero mi padre me dijo que salían de los cascarones muy rápido y con mucha hambre, lo que me decidió.
Ya era la tarde cuando la niña termino su trabajo. Fueron mas de los que ella pensaba, y el costal estaba cargado por la mitad. Satisfecha, guardo las agujas, cerro y tiro al piso el saco, se desató, y comenzó a bajar.
“Perdí otro día sin encontrar la rama necesaria, pero no importa ahora”, pensaba. “Si soy paciente y dedicada en mi búsqueda, de seguro que he de tener un buen arco”.
Justo entonces, un crujido preocupante vino desde sus pies.
¡CRACK!
Hojas, ramas y bellotas pasaron como ráfagas de aire ascendientes, y en segundos, estaba de espaldas sobre el pasto. Tirando a un costado, la gruesa rama que había cedido, empieza a sacarse las hojas del pelo. Era una suerte la verdad: una caída desde esa altura, y lo único que tenía eran un par de moretones y rasguños. La hierba estaba alta, lo que la protegió de lo peor de la caída; lamentablemente lo mismo no podía ser dicho sobre su ropa, que tenia dos jirones nuevos, pero ya estaba acostumbrada, y sabía que no serían los últimos rasguños que sus prendas irían a …
Lentamente, la jovencita mira a su derecha, al corpulento vástago partido.
- Maldicionmaldicionmaldicion, - sollozaba.- Ahora lo hice. Ahora SI que lo hice. ¡Por las fortunas, rompí un árbol sagrado! ¡¿Qué voy a hacer?! ¡Fue sin querer, no quise hacerlo, ahora no voy a poder entrar más aquí! –Gritaba ahora, la histeria apoderándose de ella.- ¡¿Y si los espíritus del bosque maldicen a toda mi familia?! ¡Tengo que esconder la rama, para que nadie la vea! ¡No hay testigos, nadie me vio, la mayoría de los espíritus deben estar haciendo cosas espirituales, al fin y al cabo! Pero… pero esta el monje ¡El vera la rama faltante y recordará que quise cortarlo, y me va a buscar, y me va a denunciar como una hereje frente a todos, y el abuelo y padre tendrán que abandonarme!
- No se jacte de conocer mi futuro accionar con tanta seguridad, yakamashii-ko.
- ¡¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHH!!!!

El monje estaba sorprendido: del susto, la pequeña logro un ascenso vertical que él solo había visto en fuegos artificiales.
Uno. “tlink”. Dos. “tlink”. Tres. “tlink”. Cuatro pasos, y estaba debajo del Sugi.
- ¡Lleva un shakujo! ¡El shakujo suena! ¡El shakujo sirve para que la gente lo escuche venir, para presentarse! ¡¡¡¿POR QUÉ NO LO HACE SONAR CUANDO ESTOY CERCA?!!!
“Al parecer, la histeria no desapareció”…
- Quizás para descubrir niños traviesos en el acto. Baje ya de una vez, risu-ko.
Reculante, la niña bajo del árbol.
- Deje de llamarme por cualquier nombre que se le ocurra, moje-sama. Me llaman hachisuzume.
- Bueno, si se hubiese presentado antes como corresponde, la hubiese llamado de esa forma, hachisuzume-ko.- reprocho el monje.- Mi nombre es Ayumu, por cierto.
La pequeña, por segunda vez en el día, se sacaba las hojas de encima. El monje, contaba mentalmente.
- No intento ser irrespetuosa, monje-sama, pero es que el hablar por sorpresa a una persona puede llegar a asustar…
Los ojos de la niña se abren como platos al recordar lo que hizo.
- laramalaramalaramalarama¡LARAMA! ¡BUAAAAAAAAA!
“Llegué a contar hasta 12 antes de que recordase”, se dice a si mismo. La niña, asustada, comienza a llorar desconsoladamente. “Son ocasiones como esta, en las cuales uno entiende la sabiduría detrás de los votos que nos prohíben tener niños”.
- Ya cálmate, pequeña, cálmate, no hiciste nada malo. Esa rama que esta en el piso fue debilitada por las nevadas de innumerables inviernos. Era una rama que estaba rota, y que debía de ser cortada para que no se pudriese y atrajese hongos o insectos. Probablemente, Sugi-sama te permitió que la cortes, como regalo por quitarle esos gusanos.
- ¿E… Enserio lo dice? – logra pronunciar entre lagrimas la niña.
El monje toca con una sonrisa la corteza del Sigu.
- Pregúntaselo tu misma.- dijo
Con algo de miedo, la niña apoya la mano.
- Se siente… se siente calido, agradable.- exclama sorprendida.
- Así es. En cierta forma esta agradecido.
El monje ve a la niña, corriendo a casa contenta con su madera envuelta en tela. En su momento, esa madera será un buen arco. En su momento, esa niña será una buena heimin. Pero en ese momento, el monje estaba preocupado, pues el nuevamente, la niña no vio a ningún ancestro suyo al estar en contacto con el Sugi sagrado.
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MensajeTema: Re: La arquera Avispa: Kichihaya   Lun Dic 13, 2010 11:47 pm

Una joven cabizbaja volvía por el camino.
No sabía como había terminado tan mal su búsqueda. Era verdad que la mejor forma de conseguir las plumas de las alas era, bueno, cazando el ave en cuestión. Sin embargo, la idea de tener que matar el ave por solo unas plumas le desagradaba a Hachisuzume, por lo cual muchas aves se han encontrado repentinamente atrapadas por una red, o noqueadas por una flecha con la punta roma. Si, las aves no estaban en la actitud más caritativa, pero ella creía que las mejores plumas debían de ser conseguidas de esta forma: con astucia, habilidad y tenacidad, libres de sangre (de las aves en tal caso… Hachisuzume descubrió rápidamente porque se les llama “aves de caza”). Sabía las dificultades de su planteo, pero lo que le sucedió era simplemente ridículo.
Su regla era: nunca atacar a un ave demasiado joven, y nunca en la época de apareamiento, evitando así que el golpe cause daño a los futuros huevos. Por eso aprovechaba esta época, cuando los pichones nacían, y los padres recorrían los campos en busca de alimentos. No le sorprendió entonces cuando, recorriendo una zona en donde con anticipación había visto a una pareja de halcones, encontró un pichón en una cornisa. Estaban a cierta altura, a fin de proteger a los pichones, pero al parecer, el pequeñín estaba intacto.
“Pobrecillo… siempre soñé en poder algún día cuidar mis propias aves, y así no tener que depender de su casa. Pero este pichón es muy joven, y no se lo suficiente como para criarlo de mejor forma que sus padres”. “Ahora, el problema esta en agarrarlo. Se que si tiene mi olor, los padres no lo van a poder reconocer, y después de escalar, correr y caminar bajo el sol, no hay nada en mi que no este empapado en mi olor, para ponerlo de alguna forma” Fue entonces que toco su carcaj.
Era todavía muy joven para poder tensar un Yumi, por lo cual llevaba un viejo Han-Kyu que su abuelo le había cedido para la caza, además de un carcaj con un par de flechas, tanto romas para las aves como dentadas para cualquier otra cosa que apareciese en al intemperie. Con cuidado para no asustar el pichón, saca todas las flechas. Huele el carcaj. Huele a resina y pino. “Si, esto servirá”
La cornisa era alta, pero no empinada, así que con cierta dificultad pero sin peligro, Hachisuzume se acercó a la avecilla. “Vamos, vamos, no te asustes, que un resbalón aquí sería muy doloroso.” Afortunadamente, después de unos minutos de cómica persecución por el descampado (cómico para cualquier espíritu que estuviese alrededor, definitivamente no para la joven Heimin), logró acorralar al pájaro. Con cuidado, pone el carcaj en el piso, y con lentitud lo arrastra para poder meterlo dentro. “Estoy segura que otros creadores de arcos no tiene que pasar por esto”.
Con el ave en el carcaj, comenzó a buscar el nido. El maldito termino estando a sobre una pared vertical, la cual tubo que subir con las flechas en la boca. Llegando finalmente al nido, pudo ver a los tres hermanitos del ave, que piteaban sin parar
- Huuy, qhue jgindos.- (“hay, que lindos”, sin las flechas en la boca). Volcando lentamente el carcaj, el pequeñín cayó feliz, e instantáneamente se unió al coro de pitidos.
Hubiera sido un hermoso final para ese encuentro, un bello cuento que contar a la vuelta a casa, o a sus nietos… pero quiso el destino que justo en ese momento cayesen los dos padres.
Y así que allí estaba, en el camino de vuelta a la fortaleza, sin las plumas, su sombrero con agujeros de picotazos, su pelo hecho una maraña por la vez en que las dos aves se quedaron atrapadas en él… Los cielos son su testigo, jamás volvería a ir al bosque con el pelo suelto. Será más fresco y natural, pero realmente a medida que se lo dejaba más largo, se estaba convirtiendo en una molestia.
Y para colmo de males, caminando hacia ella, una patrulla de Ashigarus viene del fuerte. Corriéndose al costado del camino, camina con la vista baja, esperando que el momento pase. Ella no esta en falta, y por eso ningún comentario es hecho; solo unas mínimas risitas son escuchadas, imperceptibles para todo aquel que no este esperándolas. Son ashigarus entrenados, altamente disciplinados, por lo cual los comentarios habrán de esperar para otro momento. Y habrá otro momento. Ella es quien se encarga de llevar las flechas a las barracas y murallas, donde su padre, uno de ellos, realiza su trabajo; conoce a casi todos, quienes la vieron desde pequeña acompañar a su abuelo, cargando las municiones, tomando nota de los ajustes a los arcos… y la acababan de ver cubierta de polvo, y tierra, y un cabello que podría ser clasificado a esta altura como melena.
- Genial. Simplemente genial. Seguro que escuchare de esto hasta el día que me case…
- Ah, no se preocupe, Hachisuzume-ko. Estoy seguro que en ese entonces, usted recordara estos momentos y se reirá con ellos.
“¿Hacia ya cuanto de nuestro primer encuentro? ¿Tres años? Como pasa el tiempo cuando uno es anciano… ahora, apenas si salta de sorpresa cuando la saludo”
Levantándose del suelo y recuperada del susto, la jovencita se acercó con una sonrisa al monje:
- Ayumu-sama, me alegra volver a verlo.- Vio el shakujo con algo de rencor.- No se casi nada del bojustsu, o como se construyen, pero creo sinceramente que el que usted porta no funciona correctamente…
- Bueno, pues déjeme ver: en mi viaje, nunca me he topado con animal salvaje, ni insecto o criatura pequeña ha terminado accidentalmente bajo mis sandalias. Y mi maestro, quien me lo dio, dijo lo mismo. Y también su maestro. Y también el suyo.- pondero entonces el monje unos segundos.- No, creo que tendré que estar en desacuerdo con usted. Me parece que este shakujo en particular funciona perfectamente.
- pues es evidente entonces que habré de esperara a reencarnar en un insecto para no ser sorprendida por usted.
Ambos rieron. Los peregrinajes del monje en ocasiones lo llevaban por tierras escorpión, y siempre que lo hacían, visitaba aquel árbol y paraba en este castillo.
- Hacia casi dos años que no cruzábamos caminos. Veo que has crecido, que te has vuelto más sabia: uno puede ver en ti los manierismos de un cazador experimentado, uno que porta consigo los bosques, no importa donde vaya.
- ¡Oh, gracias! Creo sin riesgo de ser muy pretenciosa que he mejorado mucho con mi arco, tanto en su uso como en el arte de su creación, y además ya puedo recorrer los caminos del bosque y seguir mis presas sin… - la niña vio la sonrisa burlona en los labios de su amigo. Se mira nuevamente y se da cuenta que si, realmente parecía cargar consigo toda una arboleda.
- Estoy seguro que has mejorado mucho, pequeña.- Contesto con rapidez, temeroso que su chiste realmente le haya dolido.- Mejor continuemos con nuestro viaje hacia la fortaleza; estoy seguro que tu abuelo esta esperando esas plumas, y en el camino me puedes poner al día de lo que sucede por este lugar.
- No se como supo que fui a por plumas, pero lamento decir que las fortunas no me favorecieron hoy ¡Auh! – Ayumu saco una larga pluma de halcón de la maraña que ahora era su pelo.- Oh, ya veo… A ver, déjame sacarlas…
- Toma aquí tienes otra.
- Gracias. Bien, estas ya son una pareja. Veamos…
- Disculpa, ¿pareja?
- Las flechas se arman en parejas: unas con plumas del ala derecha, otras con la izquierda. Las reconoces por el giro que hacen al volar. Pero bueno, cuénteme de sus viajes; se que siempre los relata a todos cuando predica, pero quisiese escuchar alguno ahora (A propósito, ¿tengo alguna por mi nuca?)
- No hay mucho que contar, y agradezco a las fortunas, pues vivimos en una época de paz. Solo un insensato va por ahí buscando vivir “tiempos interesantes”. Y si, aquí tienes.
- Gracias. Lastima, es un plumón, no sirve. Había escuchado esa maldición una vez, “que vivas en tiempos interesantes”. Pero cuando lo oí, me puse a pensar, y casi todas las leyendas e historias que alguna vez hayan llegado a mis oídos fueron sobres esos tiempos interesantes.
- Ah, ¿y por qué crees que es así, pequeña? ¿Y por qué no usas los plumones, siendo ellos los que más posee el ave?
- Solo se usan las plumas de las alas de aves de presa. Y pensé que quizás esos “tiempos interesantes” son similares a un trofeo. Digo, decirle a alguien “que te cruces con un tigre” es una maldición, en cierta forma, pero al fin y al cabo es algo que muchos cazadores buscan. Y de la misma forma, el cazador recibe cierta fama porque el tigre era una amenaza para la gente. Es por eso que creo que es el trabajo de los héroes, el encontrar estos “intereses”, y abatirlos, dado su peligro, y uno los recuerda por su labor, y me agradaría mucho saber qué es lo que encuentra tan gracioso ahora, Ayumu-sama.
- Nada, nada…- “Solo me divertía en como convertiste toda acción heroica en un trabajo”.- Me alegra que hayas estado pensando. Recuerda, que la meditación trae sabiduría, y la falta de ella ignorancia. Y ahora, para continuar mi eterna batalla con la mía, ¿por qué solo aves de rapiña?
- Son las más resistentes, acostumbradas a resistir mejor el viento. Aunque, y esto por favor que quede entre nosotros, desde que escuche sus historias del pequeño maestro, he intentado hacer flechas con plumas de cuervo.
- ¿Y como han resultado?
- Un murciélago bañado en sake volaría más recto.- Dijo con lastima; “Pero continuo disparándolas, pues por alguna razón, aunque no le atine a nada, se sienten bien al soltarlas”.- Es casi como si la flecha evitase adrede golpear la diana.
- Quizás no las estés usando correctamente. Quizás ellas estén dando al objetivo correcto, pero tu percepción sea distinta a la suya…
- Bueno, en cualquier caso, los soldados del muro no tienen lugar en sus carcajes para flechas rebeldes o que busquen la iluminación.

Estaba anocheciendo, y el anciano Daisuke había aprovechado el fresco para sentarse en la puerta de su hogar a fumar. Era en tardes como esta, cuando las luciérnagas vuelan por los campos, como si las estrellas hubiesen bajado a la tierra a jugar, en las cuales podía sentir como el peso de los años se derretía y disipaba.
Por el camino, un tintinear anunciaba la llegada de Ayumu.
- Ohayoo gozaimasu Daisuke-san. ¿Disfrutando la tarde?
- Ohayoo gozaimasu Ayumu-san. Acérquese y siéntese, disfrute las últimas horas del día aquí, mientras le traigo algo para comer. Escuche de mi nieta que llegó al mediodía, y dudo que haya podido comer algo.
- Arigato, Daisuke-san.- se sienta en la madera de la caza, y al rato recibe un tazón de arroz con dos palillos.
- Oh, no es nada. No es común que los monjes pasen por aquí, y mi nieta ama tanto sus lecciones.
- Si, la pequeña Hachisuzume.- dice el monje. Su vista se vuelve un poco más dura, puesta en las luciérnagas.- Su nieta es una joven bastante aplicada en el arco, y muy cordial.
- Probablemente saco el talento de mi hijo, Hiraku. Nunca fue bueno para hacer arcos, pero si que sabe usarlos; agradezco a las fortunas que hayan inspirado a mi nieta y que así se pueda continuar con la tradición de mi familia.
- Creo haber visto a su hijo en la muralla de vez en cuando. Pero, ¿y la madre de la niña?
Una sombra cruza el rostro del anciano.
- Murio durante el parto. Fue una verdadera lastima, pues estaba tan feliz con finalmente tener una familia propia. Verá, la madre de Hachisuzume (Haruka se llamaba, que las fortunas la guarden) era una huérfana. Su padre adoptivo era un soldado raso que asistió a una aldea atacada por bandidos, y la pobre, apenas dos años de edad, fue la única superviviente. Como por una herida no era capaz de tener niños, decidió hacerla su hija.- relataba el anciano, mientras remontaba los ríos de la nostalgia.- El padre de Haruka y yo éramos antiguos amigos, y cuando los dos jóvenes decidieron comprometerse, estuvimos encantados.
- Lamento si le traje malos recuerdos.
- No son malos, Ayumu-san, solo tristes. Igual, no creo que tenga interés en las anécdotas de un anciano…
- De hecho, esperaba encontrar alguna pista en su historia para explicar la extraña situación de su nieta.
- ¿Qué? ¿Mi nieta esta enferma o algo?
- No Daisuke-san. Creo que su nieta esta sola, y creo que en el fondo, esta noticia no lo sorprende.
El anciano iba a protestar algo, pero al ver la seriedad en el rostro del monje, da un resoplido de derrota.
- ¿Es estúpido, verdad? Hachisuzume es una niña alegre y amistosa, y siempre intenta hacerse amigos con todos; y aun así, cuando la veo jugar en los campos, no puedo evitar el sentir cierta melancolía, como si algo estuviese faltando en ella…
- Tuve el mismo sentimiento cuando la conocí. Era algo curioso, y más aún cuando finalmente descubrí la fuente de esta soledad. Dígame, Daisuke-san: ¿su madre sufría la misma melancolía?
- No- dijo con seguridad- Es verdad que quizás no fuese muy social, pero jamás poseyó esta soledad tan profunda… se lo ruego, Ayumu-sama, dígame qué es lo que le sucede a mi nieta.
- Su nieta esa verdaderamente sola, Daisuke-san, pues por donde ella va, solo su sombra la sigue. Verá, no importa quien sea uno, de alguna forma nuestros ancestros, nuestros seres queridos que ahora moran en Yomi nos guían y acompañan. A ella, no. Pensé que por alguna razón ella había sido maldita, o su madre. Pero no parece ser ese el caso.
- Pero… pero entonces por qué…
- Daisuke-san, ¿cree usted que alguien puede responder la razones o lo designios por los cuales una persona es bendecida con la gracia, la belleza, el favor o el talento? ¿Puede uno entonces entender el por qué de las tragedias o dificultades puestas a uno? Y, por sobre todas las cosas, ¿puede uno ser lo suficientemente sabio para diferenciar entre los primeros y los segundos? Quizás sea un karma que se le ha dado a su nieta, quizás sea un designio curioso dado por parte de las fortunas, o puede que sea una bendición que no ha venido a dar frutos todavía, lo único que sabemos es que por alguna razón, su nieta no puede oír o sentir la presencia de los ancestros. Es por eso que tome cierto interés en enseñarle los preceptos del Tao: si Yomi no quiere, puede o debe guiarla, que sea la sabiduría quien lo haga.
El monje se levantó, con el plato limpio, preparado a continuar su camino.
- Daisuke-san, no deje que estas palabras lo amarguen, pues en la vida que el destino le ha puesto a Hachisuzume-ko, este no es un terrible peso. Además, al no haber conocido nunca otra forma de vivir, no siente que haya perdido nada, de la misma forma que un pez jamás se siente húmedo.
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MensajeTema: Re: La arquera Avispa: Kichihaya   Mar Dic 21, 2010 9:41 pm

tengo un a pregunta

si fue aceptada en la familia de tsuruchi no debería llevar el apellido tsuruchi? (como formalidad supongo ya que no es una ronin, sin ningún beneficio a nivel reglas)
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MensajeTema: Re: La arquera Avispa: Kichihaya   Mar Dic 21, 2010 10:59 pm

en este entonces, el clan avispa no tenia nombre de familia. Tsuruchi es el daimyo y nombre de la provincia. faltan como 20 años como para que el clan tenga nombre de familia.
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MensajeTema: Re: La arquera Avispa: Kichihaya   Miér Dic 22, 2010 3:16 am

ohhhhh, si lo dice usted....
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MensajeTema: Re: La arquera Avispa: Kichihaya   Vie Dic 24, 2010 2:00 pm

aca esta el resumen final. Escribire más textos con más detalles más tarde.
Antes de su Gempukku y de recibir el nombre Kichihaya, La joven era un heimin de nombre Hachisuzume. Su padre era un ashigaru de la fortaleza, hijo del creador de arcos del castillo; su madre era hija de otro ashigaru, y esta murió durante el parto.
Desde pequeña estuvo interesada en el trabajo de su abuelo, quien era la persona más cercana a ella. Su abuelo le enseñó el oficio con agrado, pues su hijo no estaba interesado en su arte, y dado que la profesión de un creador de arcos era muy honorable, podía lograr atraer un buen marido.
Eso planteo otro inconveniente, pues a fin de ser una artesana competente, era necesario que pudiese recorrer los bosques en busca de la materia prima. Afortunadamente, demostró una capacidad increíble con el uso de sus mismos arcos.
Ella tenía un agradable carácter, lo cual logró ganarle muchos amigos en la fortaleza, en especial entre los ashigarus de la fortaleza, quienes en mayor o menor medida le tomaron cariño y prácticamente adoptaron, a fin de ayudar en cierta forma a su compañero que debía educar a una niña solo.
Y la joven creció, y continuó su vida como aprendiz de arquero, siempre con las enseñanzas que aprendió intentando guiarla. Y tal como dijo el monje, hubiese tenido una vida tranquila, si no fuese por los sucesos de Ashinagachi…
Su padre que había estado de lado de Tsuruchi cuando las ordenes de matarlo por parte de los Bayushi habían llegado, y ella estaba en la muralla, junto a él, ayudando en lo posible a los supervivientes del combate, cuando las puertas se le fueron abiertas a los León: el estar tan cerca del lugar fue lo que le permitió sobrevivir y poder escapar junto al resto junto a Tsuruchi.
Ella se sabía buena con el arco, pero la diferencia que tenía en comparación con su nuevo Daimio era abismal. Nunca se sintió más en su lugar como cuando recibió sus primeras lecciones de Tsuruchi. Al principio tubo problemas para aceptar las enseñanzas de la “Pequeña Avispa”, sus altos estándares, pues le costaba incluso dar a la diana. Pero todo cambió la ocasión que se le ordeno disparar a un zeni puesto sobre un poste. El maestro le había dicho que aunque su estilo no era malo, ella pensaba demasiado, que no dejaba que la flecha hiciese su trabajo, que esta tenia que volar por instinto. Estaba tensando el arco, pensando en como podría darle a algo tan pequeño, cuando por alguna razón los recuerdos de las enseñanzas de Ayumu aparecieron en su mente. Y bajo el arco, guardo la flecha que tenia, y tomo una de esas que ella había hecho, con plumas de cuervo, y la coloco en el arco. Y cerro los ojos, y pensó: “¿A que estoy apuntando? El zeni es solo un pedazo de bronce, pequeño quizás, pero también la montaña se ve pequeña en el horizonte. Entonces, ¿cómo hago para que esta sea más grande?... ¿o por qué debería de ser más grande? ¿Si la flecha porta mi voluntad, el tamaño no debería de ser irrelevante? ¿Es que el tamaño, la distancia, son solo ilusiones que yo puse en primer lugar? Quizás, lo que deba preguntarme es a qué puedo dispararle…” Abrió los ojos, y vio la pluma de cuervo tensa en su mano. “Hacia años, había bromeado que tenía más posibilidades de dispararme a mi misma con esta flecha que a una diana. Es posible que eso haya sido siempre lo correcto. Entonces, cuando disparo un arco, en ocasiones golpeare la diana, pero fallaré a mi mismo. Otras veces, golpearé al ser pero fallaré al objetivo. El punto entonces es volver mi ser uno con el objetivo y dispara recién ahí, cuando yo, la diana y la flecha seamos unísono, cuando su vuelo sea solo una ilusión, y lo único que deba de hacer para que mi voluntad se haga una conmigo sea soltarla”. Con la mente en blanco, soltó la flecha. Y herró. Herró completamente, fantásticamente, pues la moneda ni se inmuto. Y estuvo correcto, dado que entendió que jamás estuvo en ella la intención de dar a la moneda, y todavía hoy conserva esa moneda de colgante. Su maestro y compañeros también estuvieron orgullosos de ella, porque dispararle a un zeni a 100 pasos es difícil, pero poner una flecha en el agujero central de un zeni fallando completamente en darle aunque sea a una esquina, eso es digno de alabanzas.
La toma de la fortaleza fue brutal. Prendieron fuego las barracas que ahora usaban los Leones y en donde hace un año sus antiguos amigos entrenaron; algunos intentaron escapar, y fueron abatidos por su Yumi, una de las primeras veces que pudo usarlo, hecho de la madera que Sugi-domo le había regalado (siempre estará agradecida por el zeni que bautizó su arco, y que no tubo que hacerlo en la carne de asesinos traicioneros)
El combate contra los Leones no probó ser el mayor reto para Kichihaya (apodo que recibió de sus compañeros, al ver que casi todas sus flechas traían una muerte). Tsuruchi-domo probó ser mucho más listo de lo que Escorpiones y Leones predijesen, y en poco tiempo, un pequeño grupo de los más fieles al nuevo Daimio estaba escoltándolo frente al Campeón Esmeralda y al Daimio Grulla. Lo que sucedió a continuación todavía la sorprende: en los 4 meses que pasaron desde esa entrevista, la fortaleza de Ashinagachi pasó a ser Kyuden Ashinagachi, hogar del clan Avispa, fortaleza de los Magistrados Esmeralda y los nuevos Caza-recompensas Avispa, de los cuales ella, ahora una samurai-ko, pertenecía.
Lo que más le costo a Kichihaya fue aprender a actuar como una samurai. Con la llegada de los magistrados del Campeón, se vio obligada a aprender las reglas de una corte y las leyes del Imperio. Además, tuvo terribles problemas para entender el concepto de Sinceridad: “Toda mi vida se me ha enseñado a decir siempre la verdad. Como samurai ello debería de ser la norma, ¿cierto? Si digo la verdad, ¿importa acaso como suena?”
Hay cuatro cosas que Kichihaya lleva consigo siempre: el zeni de lo que considera su mejor dispar hasta ahora; su arco; una bolsa con semillas de cipres de Sugi-domo, que intenta plantar siempre en lugares que se beneficiarían de un arbol sabio; y un dedo de Jade, que fue la respuesta a una pregunta que le hizo a un Magistrado una vez (“¿En su opinión y experiencia, cual sería lo más peligroso que un magistrado podría enfrentar en el campo de sus deberes?” después de su respuesta, Kichihaya siempre lleva un dedo de jade)
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La arquera Avispa: Kichihaya
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